Empezaré dando las gracias. Y eso que yo me tengo por perspicaz, pero esta vez me ha fallado ese sexto sentido del que, sin querer, presumo. ¡Casi todo un pueblo preparando una grandísima sorpresa para mí y yo, tan despistada, sin enterarme de nada!
Y es que ya me lo dicen mis hermanas: «Eres muy despistada y siempre vas a tu bola». Y tienen razón. Yo soy así. Vivo el momento, disfruto de cada instante y, aunque a veces también me enrabieto conmigo misma, intento seguir adelante disfrutando de lo que la vida me va regalando.
Antes de nada, quiero enseñaros una viñeta que encontré hace tiempo rodando por las redes y que, cuando la vi, pensé que seguramente la habían hecho pensando en mí, porque me define a la perfección.
Quiero empezar dando las gracias a mi compañero de vida, Toribio. Ha sido y sigue siendo un gran amigo para mí. Gracias por su paciencia cuando me dan mis «enrabiadas», por estar a mi lado en mis momentos de bajón, por apoyarme siempre y, sobre todo, por dejarme ser libre y ser yo misma.
Porque la verdad es que tengo mis ramalazos de mal genio —¡para qué vamos a engañarnos!— y allí está él, con toda su paciencia, intentando calmar las aguas.
¿Qué decir de mis hijos y de mi querido Pau? Aunque lo tengo lejos, lo siento cerca y disfruto de él en cada momento. Ellos son, sin duda, una parte enorme de mi vida y de todo lo que soy.
También quiero acordarme de tantas personas del pueblo con las que tuve una amistad profunda y que ya no están entre nosotros. Recuerdo su cariño, su cercanía y tantos momentos compartidos. Recuerdo nuestros recorridos por estos montes recogiendo setas —aunque he de reconocer que yo soy malísima encontrándolas— y, sobre todo, aquellas partidas de brisca que tanto me gustan y que forman parte de tantos buenos recuerdos.
Y qué deciros… Gracias, gracias y mil veces gracias.
Ha sido un día que no olvidaré mientras me quede vida. Y espero que me quede mucha, porque quiero llegar a los cien años y, si puede ser, celebrarlos también con vosotros.
Ser lagunasequeña y, a la vez, COLODRA, es un privilegio para esta aragonesa que siente que este pueblo y sus gentes ya han dejado una huella imborrable en su vida.
Solo me queda deciros que quiero al pueblo, quiero a sus gentes y quiero especialmente esos veranos en los que los niños corretean por sus calles, llenándolo todo de vida, risas y alegría.
Porque Lagunaseca no es solo un lugar. Son sus calles, sus montes, sus gentes y sobre todo el deseo de que no caiga en el olvido.
¡Os quiero y mientras pueda seré una más!