España arde por los cuatro costados y ahora le toca a la Sierra de Guadalajara. Es horrible despertarse cada día con imágenes como estas. Todos esperamos que el fuego quede controlado cuanto antes, pero da la sensación de que esta pesadilla no tiene fin.
Es imposible no pensar en el sufrimiento de las personas que han tenido que abandonar sus pueblos. Muchas de ellas son mayores que, tras toda una vida de esfuerzo, habían regresado a sus raíces para disfrutar de la tranquilidad y el bienestar que tanto se habían ganado.
Y qué decir de los más jóvenes, que tienen allí su hogar, su familia, su trabajo y su forma de vida. Para ellos supone un duro golpe, un alto en el camino que cambia por completo su día a día. Aunque las administraciones les presten ayuda, reconstruir sus negocios, recuperar el ganado o volver a la normalidad será un proceso largo y difícil.
A todo ello se suma la enorme pérdida de esos paisajes tan hermosos devorados por las llamas: pastos, árboles, campos, huertos… En definitiva, el sustento de muchas familias y un patrimonio natural que tardará años en recuperarse. Y el miedo vivido durante estos días será un recuerdo que difícilmente podrán borrar.
Han sido muchos los lugares afectados durante esta primavera y en lo que llevamos de verano. Los últimos han sido Los Monegros, entre Zaragoza y Huesca; la comarca de las Cinco Villas, en Zaragoza, lindando con Navarra; y ahora la Sierra de Guadalajara, además de otras zonas de Teruel.
Ojalá llegue pronto el final de esta tragedia y podamos dejar de despertarnos con la angustia de ver cómo el fuego vuelve a arrasar otro rincón de nuestro país.
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Estos días he vuelto a Lleida para unas revisiones médicas pendientes. Nada importante, por fortuna, pero hay citas a las que conviene acudir cuando llega el momento.
Aquí el calor aprieta de verdad. Después de acostumbrarnos al aire fresco de la Sierra, el contraste se hace notar y el cuerpo tarda un poco en adaptarse.
Aun así, el viaje siempre tiene algo especial. La carretera invita a mirar por la ventanilla y a descubrir, una vez más, cómo el paisaje va transformándose kilómetro a kilómetro. Voy haciendo fotografías de los lugares que atravesamos, intentando guardar un instante de cada rincón.
Es curioso observar cómo cambian el color de la tierra, los cultivos, los pueblos y, con ellos, también la forma de vivir de quienes los habitan. Cada tramo del camino parece contar una historia distinta, y eso convierte el viaje en algo más que un simple desplazamiento.
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Lagunaseca
Pequeño municipio de 112 habitantes, enclavado en plena serranía de Cuenca, cuya belleza natural es el rasgo protagonista. Parte de su territorio pertenece a El Parque Natural del Alto Tajo y en sus inmediaciones se encuentra el Parque de El Hosquillo.
https://pueblomasbonito.cmmedia.es/gallery/1016353/386529/790850306
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