Antes de que terminara septiembre todavía nos quedaba un fin de semana de celebración. Y es que, como dice una amiga muy querida de Lleida: «Esto es un no parar; el pueblo es pequeño, pero hay una marcha…». Y qué razón tiene.
Esta vez la ocasión lo merecía de verdad: había que preparar una fiesta sorpresa para Ismael con motivo de su jubilación. Este año parece que las sorpresas se han convertido en protagonistas, y la verdad es que están saliendo de maravilla. Tiene mucho mérito organizar algo entre tanta gente, ponerse todos de acuerdo y, sobre todo, conseguir que el homenajeado no se entere de nada. ¡Eso sí que es trabajar en equipo!
Ismael es de esas personas que forman parte de la historia viva del pueblo. Siempre ha estado entre quienes se preocupan de que nuestras costumbres, nuestras tradiciones y esa manera tan nuestra de vivir y compartir no se pierdan con el paso del tiempo.
Además, pertenece por parte de su padre, Ventura Cava, a una de esas sagas familiares que todos conocemos por su apodo: «los Largos». Y cuando uno habla de estas familias, habla también de recuerdos, de historias de toda la vida y de muchas vivencias compartidas.
A mí me encanta ver cómo, cuando llega una celebración, la gente se une. Cada uno aporta lo que puede y, casi sin darnos cuenta, terminamos haciendo una fiesta entre todos. Quizá sea precisamente eso lo que hace que estos momentos sean tan especiales.
Ismael tiene también su rincón privilegiado en La Parra, ese lugar donde disfruta de su familia y donde siempre es fácil encontrarse con alguien dispuesto a compartir una conversación, una risa o simplemente un rato de buena compañía. Es uno de esos sitios que ya forman parte de nuestros recuerdos.
Y qué decir de la Plaza de la Fuente de los Tres Caños. ¡Qué buen escenario para juntarnos! Una tarde estupenda, gente con ganas de pasarlo bien y buena música, de esa que consigue que hasta los más mayores se animen a mover el esqueleto. Porque aquí, cuando suena la música, parece que las edades se olvidan y todos volvemos a ser un poco más jóvenes.
Ahora toca vivir de otra manera, sin horarios, disfrutando de los pequeños momentos y, sobre todo, cuidándose mucho. Porque para los que tenemos la suerte de compartir algún ratito con ellos, es un verdadero placer encontrarlos, charlar, reírnos y poder darles un abrazo de vez en cuando.
Y yo, por mi parte, intento hacer lo mismo: disfrutar, cuidarme y saborear todo lo que me regala Lagunaseca. Porque venir aquí largas temporadas es una gozada. Por sus paisajes, sí, pero sobre todo por su gente, por esos encuentros inesperados, por las celebraciones y por la sensación tan bonita de llegar y sentir que, de alguna manera, uno vuelve a casa.
Así que, ¡a disfrutar de la jubilación, Ismael! Y que no falten nunca los motivos para seguir juntándonos y celebrando la vida.
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