Poco a poco, todo termina… pero nos queda ese gustillo tan bueno de haber disfrutado unos días llenos de alegría, compañía, risas y, sobre todo, muchas ganas de volver a empezar el año que viene.
Hoy no voy a extenderme con muchas palabrerías —que tampoco quiero cansaros— y, además, tengo mucho material fotográfico que enseñaros en esta página. ¡Así que vamos al lío!
El domingo 16 celebramos la fiesta de San Roque, y como manda la tradición, lo primero fue preparar unas buenas calderetas. Cada grupo se puso manos a la obra y puso todo su arte y su buen hacer en la sartén que le había tocado.
Y, claro, había que probarlas… 😋 La gente iba de una a otra catando, comparando y disfrutando hasta que, casi sin darnos cuenta, no quedó ni una caldereta para contar la historia. ¡Estaban todas para chuparse los dedos!
Por la tarde llegó el momento más solemne: la Eucaristía y la procesión en honor del Santo. Después de bendecir la caridad, llegó uno de esos momentos que forman parte de nuestras tradiciones y que siempre se viven con mucho cariño: el reparto de los alimentos, con pan, torta y, cómo no, el porrón pasando de mano en mano con un buen vino.
Es un rato de buena vecindad, conversación y muchas risas. De esos momentos sencillos que, al final, son los que más se recuerdan.
Y esta vez las fotos sí que las hice yo misma. Cada año disfruto un montón intentando que todos salgáis estupendos. Aunque ya sabéis que detrás de una buena foto suele haber unas cuantas: “¡Espera, que me ha pillado con los ojos cerrados!” 😂
El lunes ya empezaba a oler a final de fiestas. Quedaba menos gente por el pueblo, pero todavía había ganas de pasarlo bien. Los juegos desenchufados volvieron a reunirnos para pensar, jugar y divertirnos un buen rato. Porque no hace falta mucha tecnología para echar unas risas.
El martes seguimos con las buenas diversiones. Para los más pequeños llegaron los castillos hinchables y, al mismo tiempo, se instaló una rampa acuática que hizo las delicias de los más atrevidos. Allí no había miedo al agua… ¡ni a acabar empapado de arriba abajo!
Y, como todos los años, no podía faltar nuestra querida Fiesta de la Espuma. Divertidísima, refrescante y, sobre todo, una excusa estupenda para acabar todos llenos de espuma y con una sonrisa de oreja a oreja.
El mismo día a las diez de la noche salieron dispuestos a hacer la ruta nocturna, disfrutaron del paisaje nocturno a tope.
Pero esto todavía no se ha acabado del todo…
En la próxima entrada os contaré todos los detalles de la final de los torneos y otras muchas cosas buenas que han ido pasando alrededor de esta Semana Cultural.
Así que estad atentos, que todavía nos quedan unas cuantas historias, muchas fotos y, seguro, alguna que otra sonrisa. 😉
Muy buen reportaje, enhorabuena a la reportera. Que sigas con esa ilusión que te caracteriza!!! Un abrazo. MCM
ResponderEliminarGenial,como siempre!!!!! Gracias
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