9 de septiembre de 2026

¡ Fiesta Mayor !

Dedicada a nuestra venerada Virgen de La Zarza

Comenzamos el día con un alegre pasacalles, recorriendo las calles del pueblo y avisando a todos los vecinos de que, por fin, había llegado ese día tan señalado que todos esperábamos con ilusión: ¡el día de nuestra fiesta!

Como ocurre en tantos pueblos y lugares, las fiestas patronales tienen siempre como protagonista a una Virgen, un Santo o una advocación a la que los vecinos profesan una especial devoción. Cada lugar tiene su propia historia, sus tradiciones y, muchas veces, una bonita leyenda que explica cómo comenzó esa devoción.

En Lagunaseca, el corazón de nuestras fiestas es, sin duda, nuestra querida Virgen de La Zarza. Según me contaron, hace muchos años encontraron una imagen junto a una zarza. ¿Leyenda? ¿Historia? Quizá nunca lleguemos a saberlo con certeza.

Pero, sea como fuese, hay algo que sí sabemos: nuestra Virgen de La Zarza tiene muchos devotos y ocupa un lugar muy especial en el corazón de los vecinos. Y en estos pequeños pueblos, donde las tradiciones pasan de padres a hijos, su presencia se convierte en el centro de las fiestas y en un motivo más para volver a encontrarnos.

El día continuó con la celebración de la Santa Misa y la tradicional procesión, en la que llevamos en andas la imagen de nuestra patrona por las calles del pueblo. Es uno de esos momentos que se viven con especial emoción: la música, las campanas, las miradas de los vecinos y, sobre todo, la alegría de volver a estar juntos un año más.

Ese día, nuestra iglesia se llena de feligreses, de familias y de amigos, todos con esa expresión de satisfacción que nace de compartir algo muy nuestro. Porque las fiestas no son solamente música, comidas, reuniones y diversión; son también devoción, tradición, recuerdos y reencuentros.

Y así, un año más, Lagunaseca se reúne alrededor de su Virgen de La Zarza para celebrar, disfrutar y mantener viva una tradición que forma parte de nuestra historia y, sobre todo, de nuestro corazón.






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Al terminar los actos religiosos, ya teníamos preparado en el frontón el catering, que congregó a muchos comensales. Cada cual se fue uniendo a su grupo de familia, amigos y conocidos, formando esas mesas tan nuestras, donde lo de menos era comer y lo importante era estar juntos.

Porque en estos días de Fiesta Mayor, más que comer, se charla, se ríe, se recuerdan anécdotas y, sobre todo, se disfruta de volver a estar todos juntos celebrando un año más.

Es verdad que faltaban muchas personas. Después de haber disfrutado en agosto de la Semana Cultural, para muchos las vacaciones ya habían terminado y, con sentimientos encontrados, al caer este día en martes no pudieron acompañarnos. Aun así, los que estábamos allí supimos disfrutar de la fiesta y de cada momento.














Al terminar la comida, Ana, con su acordeón nos amenizó la tarde. ¡Y vaya si lo hizo! Bailamos, nos divertimos y disfrutamos a tope. Y quienes no se animaron a bailar también pudieron deleitarse escuchando las bonitas melodías que nos iba ofreciendo Ana.






Más tarde, en el Parque, actuó un grupo musical que fue recibido con mucho entusiasmo por los bailarines, que, dicho sea de paso, eran muchos y se lo pasaron en grande.

Mientras unos bailaban, otros preferían sentarse a las puertas de La Fragua. Con la música de fondo, se charlaba animadamente, botellín en mano, y algunos echaban una partida de brisca, ese juego que a muchos nos gusta un montón y que siempre encuentra un hueco en nuestras fiestas.

Y así terminó el día: entre música, baile, risas, conversaciones y buenos momentos compartidos.

Hoy, día 9, se celebrará una misa en recuerdo de los difuntos del pueblo. Un momento más recogido y emotivo dentro de estas fiestas, para recordar a quienes estuvieron con nosotros y que, aunque ya no estén, siguen formando parte de nuestra historia y de nuestros recuerdos.

Y en la próxima entrada os contaré el día de «Las Agüelicas». Me habéis mandado tantas fotos que voy a tener que dedicarme un buen rato a seleccionarlas. ¡Y eso que no me quejo, porque me encanta recibirlas y ver todos esos momentos que habéis ido compartiendo!


Así que, paciencia… ¡que tenemos mucho que contar!






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